28 de febrero de 2010

Sold out!

He buscado en cada charco que se ha cruzado bajo mis pies. He levantado cada piedra, sin suerte. He alquilado un esmoquin cada mes y lo he colgado en la puerta de mi casa de parqué, pero nadie vino a reclamarlos.

He intentado inventarte, pero no me queda pasta para modelar. Te he cantado esa canción con la que me quedé dormida una vez, para intentar despertarte con un beso. Has resultado ser insomne.

He recorrido cada bosque en modo damisela en apuros, pero no acudías a la cita. He preguntado a todos por ti, pero nadie sabe contestarme.

Hice un pacto con el dragón azul, para que no te comiera. Insistió, muy serio, que ni aunque le pagaran engulliría esa clase de fantasía, que da gases.

He vestido a cada árbol con carteles que te delatan, tengo a todo el mundo buscándote, pero todos coinciden en lo mismo... no quedan príncipes.

30 de diciembre de 2009

Límites


No tienes ni idea de que intento olvidarte.

Ni siquiera imaginas que intento levantarme cada día sin pensar en tí, y que lucho dieciocho horas seguidas para no verte donde no estás, que elijo cuidadosamente mis pasos, mis palabras y mi música para que no aparezcas, pero que, aún así, lo haces.

Quiero decidirme a pensar que no hay un después, que si no lo ha habido ya es porque no está en tu lista de cosas pendientes.

Siempre llego tarde a mi examen de conciencia, todos están ahí: mi color preferido, lo irreal, lo emocional, lo visceral, lo que me gusta de ti y lo que tengo que olvidar, algunos trucos (para días fáciles), la lista con todos los defectos que pude memorizar aquel día que no deje de mirarte un segundo, tu color aceituna y mis límites.
Decisiones, señales, direcciones inconclusas, tráfico, canciones que no dicen nada y promesas que lo dicen todo,pañuelos sin usar, una tableta de chocolate y mis límites.

Sus ojos verdes, el sonido de su/tu risa, el politono de tus/sus llamadas, tu voz y mis límites.

Las cartas están echadas, las piezas en sus esquejes, las fichas repartidas, las manos en la línea de salida, y el conejo acaba de sacar su reloj -llega tarde, como siempre-.

Yo tengo mis límites y tú tienes tu cobardía.

No hay que buscar ganador.

17 de octubre de 2009

Chocolate amargo

He vuelto a lo que se me da mejor.

Cada vez que me voy a la cama llevo conmigo un poco de chocolate que me haga olvidar tu falta. Realmente funciona.

Con el primer bocado olvido tus ojos mientras sigo preguntándome, si es que me recuerdas alguna vez, cómo lo haces, qué recuerdas exactamente y en que momento del día – o de la noche- sueles hacerlo.

En el segundo intento, omito tu presencia omnipotente y escucho la música que no te gusta, para que sus letras no te arrastren hasta mis sábanas.

Al tercer bocado, la memoria selectiva es todo lo que puedo controlar. El efecto contrario al deseado se apodera de toda la luz del habitáculo, dibujándote de mil maneras mientras yo me dejo atrapar por tus sombras.

Al comenzar de nuevo, la culpa es guía oficial del momento y tú reapareces, aunque en realidad nunca te fuiste, y los aplausos sordos sobrevienen a mi cabeza, volviéndome totalmente sumisa.

De nuevo tú, tus ojos, tus manos y tu sonrisa me hacen presa de una situación demasiado conocida ya por todos.

El protagonista tú. La única culpable…una tal felicidad.

27 de septiembre de 2009

Seguro Privado

Esa noche mi disfraz fue el mejor, porque no existía; éramos yo, mis gafas y mi decisión. Tú ni siquiera apareciste en la ronda de reconocimiento.

Las miradas desde lejos se hicieron esperar, la cerveza en mi mano apremiaba… y la decisión de elegir el camino equivocado no hacía más que dejarme perdidas en el móvil. Suerte que lo dejé en vibración.

Elegí pasar de los que iban de poetas y príncipes azules… siempre he preferido el verde.

La degustación del dorso de mi mano y las caricias casuales fueron todo lo necesarios que quise… los besos robados también. Tienes a tu favor aquel inocente roce casi esquimal… bastante divertido, pero te perdieron las ganas, la impaciencia y los versos.

Iba de chica mala y me encontraste; yo me encontré rodeada por los brazos de la autoridad: tus brazos.

Te tomaste tu tiempo para fotografiar cada parte de mi, y las medidas fueron controladas palmo a palmo, doy fe. Te aseguraste de que mis huellas no quedaran olvidadas y, una a una, fueron desfilando por tu espalda. La tasa de alcohol la superamos juntos.

Cuando desperté me observabas.

Lo que nunca sabrás es por qué lo hice.

18 de julio de 2009

TresCatorce

No recuerdo en qué momento decidí no volver a escribir sobre ti, pero seguro que no fue una buena idea.

Tú haces que mis dedos elijan por mí, haces que la sangre se haga perezosa para llegar a todas las partes de mi cuerpo, por eso cuando estoy contigo no siento frío; alimentas las mariposas que viven en mi estómago y me haces sonreír.

Consigues hacerme sonrojar sin echarle la culpa a nadie más que a ti, y los mejores regalos siempre son inesperados, es lo bueno de no esperar nunca nada, que, algún día, me acabas sorprendiendo.

Gracias a ti he tenido la oportunidad de contar las veces que puedo sentir escalofríos a treintaycuatro grados. También me has enseñado a elegir malos momentos para ser tímida.

Si fuéramos matemáticos nos apropiaríamos de las incógnitas con muy pocas probabilidades de que nuestra suma fuera la diferencia que buscamos. Así somos.

Si te soy sincera, nunca antes había intentado buscar excusas para no quererte, de forma tan desesperada.