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8 de septiembre de 2011

Koch II

Te recuerdo moviéndote sigilosa y rápidamente en la oscuridad, mirando mi silueta oscura contra la luz que entra por la ventana. Observando.

Sonriéndote, reconoces el terreno, aunque llevas poco tiempo estudiándolo. Y sabes dónde posar tu mano o tus labios, o por dónde pasar de puntillas para hacerme querer que pares y te quedes.

Pero te marchas, la música de anoche no sirvió para hipnotizarte. Me dejas en la cama, aún onírica, y me das instrucciones que no cumpliré.

En la nevera aún hay chocolate con almendras.

17 de agosto de 2010

bitter comeback

Nadie la esperaba cuando volvió a casa.


25 de marzo de 2010

Un poquito más...


¿Sabes la de veces que he soñado que despertaba a tu lado?
¿La de veces que he querido sentir tu respiración en mi pelo, en mi cara?

Mis ojos piden a gritos que los cierres con un beso (o dos, o tres…o…)

Y mis manos que las sostengas, obligándolas a quedarse a tu lado.

Y también he soñado mil veces que me convencías para no hacer alguna estupidez de las mías, que yo me enfadaba como una niña de tres años y que luego entendía que tenías razón pero nunca te la daba… y que después me dabas un beso, aunque te mirara de reojo con cara de no importarme nada que cedieras en tu acierto; y que te quería, y que tú me querías y que no importaba nada más…

Luego yo sonreía siempre antes de despertar.

Y dolía, porque no sé dónde te escondes y qué esperas para gritar a mi espalda que ya has llegado y que comencemos a hacer mis sueños realidad.

En serio, ¿dónde estás?

…Llevo esperándote ya demasiado tiempo.

30 de diciembre de 2009

Límites


No tienes ni idea de que intento olvidarte.

Ni siquiera imaginas que intento levantarme cada día sin pensar en tí, y que lucho dieciocho horas seguidas para no verte donde no estás, que elijo cuidadosamente mis pasos, mis palabras y mi música para que no aparezcas, pero que, aún así, lo haces.

Quiero decidirme a pensar que no hay un después, que si no lo ha habido ya es porque no está en tu lista de cosas pendientes.

Siempre llego tarde a mi examen de conciencia, todos están ahí: mi color preferido, lo irreal, lo emocional, lo visceral, lo que me gusta de ti y lo que tengo que olvidar, algunos trucos (para días fáciles), la lista con todos los defectos que pude memorizar aquel día que no deje de mirarte un segundo, tu color aceituna y mis límites.
Decisiones, señales, direcciones inconclusas, tráfico, canciones que no dicen nada y promesas que lo dicen todo,pañuelos sin usar, una tableta de chocolate y mis límites.

Sus ojos verdes, el sonido de su/tu risa, el politono de tus/sus llamadas, tu voz y mis límites.

Las cartas están echadas, las piezas en sus esquejes, las fichas repartidas, las manos en la línea de salida, y el conejo acaba de sacar su reloj -llega tarde, como siempre-.

Yo tengo mis límites y tú tienes tu cobardía.

No hay que buscar ganador.

17 de octubre de 2009

Chocolate amargo

He vuelto a lo que se me da mejor.

Cada vez que me voy a la cama llevo conmigo un poco de chocolate que me haga olvidar tu falta. Realmente funciona.

Con el primer bocado olvido tus ojos mientras sigo preguntándome, si es que me recuerdas alguna vez, cómo lo haces, qué recuerdas exactamente y en que momento del día – o de la noche- sueles hacerlo.

En el segundo intento, omito tu presencia omnipotente y escucho la música que no te gusta, para que sus letras no te arrastren hasta mis sábanas.

Al tercer bocado, la memoria selectiva es todo lo que puedo controlar. El efecto contrario al deseado se apodera de toda la luz del habitáculo, dibujándote de mil maneras mientras yo me dejo atrapar por tus sombras.

Al comenzar de nuevo, la culpa es guía oficial del momento y tú reapareces, aunque en realidad nunca te fuiste, y los aplausos sordos sobrevienen a mi cabeza, volviéndome totalmente sumisa.

De nuevo tú, tus ojos, tus manos y tu sonrisa me hacen presa de una situación demasiado conocida ya por todos.

El protagonista tú. La única culpable…una tal felicidad.

27 de septiembre de 2009

Seguro Privado

Esa noche mi disfraz fue el mejor, porque no existía; éramos yo, mis gafas y mi decisión. Tú ni siquiera apareciste en la ronda de reconocimiento.

Las miradas desde lejos se hicieron esperar, la cerveza en mi mano apremiaba… y la decisión de elegir el camino equivocado no hacía más que dejarme perdidas en el móvil. Suerte que lo dejé en vibración.

Elegí pasar de los que iban de poetas y príncipes azules… siempre he preferido el verde.

La degustación del dorso de mi mano y las caricias casuales fueron todo lo necesarios que quise… los besos robados también. Tienes a tu favor aquel inocente roce casi esquimal… bastante divertido, pero te perdieron las ganas, la impaciencia y los versos.

Iba de chica mala y me encontraste; yo me encontré rodeada por los brazos de la autoridad: tus brazos.

Te tomaste tu tiempo para fotografiar cada parte de mi, y las medidas fueron controladas palmo a palmo, doy fe. Te aseguraste de que mis huellas no quedaran olvidadas y, una a una, fueron desfilando por tu espalda. La tasa de alcohol la superamos juntos.

Cuando desperté me observabas.

Lo que nunca sabrás es por qué lo hice.

18 de julio de 2009

TresCatorce

No recuerdo en qué momento decidí no volver a escribir sobre ti, pero seguro que no fue una buena idea.

Tú haces que mis dedos elijan por mí, haces que la sangre se haga perezosa para llegar a todas las partes de mi cuerpo, por eso cuando estoy contigo no siento frío; alimentas las mariposas que viven en mi estómago y me haces sonreír.

Consigues hacerme sonrojar sin echarle la culpa a nadie más que a ti, y los mejores regalos siempre son inesperados, es lo bueno de no esperar nunca nada, que, algún día, me acabas sorprendiendo.

Gracias a ti he tenido la oportunidad de contar las veces que puedo sentir escalofríos a treintaycuatro grados. También me has enseñado a elegir malos momentos para ser tímida.

Si fuéramos matemáticos nos apropiaríamos de las incógnitas con muy pocas probabilidades de que nuestra suma fuera la diferencia que buscamos. Así somos.

Si te soy sincera, nunca antes había intentado buscar excusas para no quererte, de forma tan desesperada.

2 de junio de 2009

Bit me!

Muérdeme.

Tatúa con saliva el esquema de tus intenciones.

Atrápame en una historia que no me deje domir si no es contigo.

Búscame en tus noches mientras besas a otras recordando mi olor.

Enamórate de mi veinticuatro veces al día.

Y bésame de una vez, joder.

17 de abril de 2009

Inconsciencia


Ni siquiera la ducha a las siete de la mañana ha conseguido que me desprenda de este olor a ti que se me ha quedado dentro (y que se huele desde fuera).

Ni siquiera el chocolate, que comí enseguida, consiguió quitarme el frío que se había acomodado.

Y las letras, esas que repetí hasta la saciedad onírica, no vuelven a mi lengua ahora que las llamo. Pero ha sido lo mejor que he podido imaginar que me decías. Porque eran para mí tus letras, esas decían mi nombre a voces.

Y luego mejoró. No es que pudiera hacerlo mucho más, porque estabas tú, estaba yo y estábamos los dos, que ahí es dónde quiero llegar. Pero mejoró de la mejor manera que sabemos mejorar las cosas- tu y yo, quiero decir- no pasó nada, no hubo fuegos artificiales, no hubo grandes canciones, ni siquiera hablamos demasiado; Sólo probaste mi terapia, mi reparación a otro nivel, mi simpleza holística, y no te quedó más remedio.

Incluso parecías otro, pero eras tú.

Si no has sentido nada esta noche dímelo, volveré a intentarlo mañana.

10 de abril de 2009

Koch

Espíame

Y háblame de armas y de cosas que no entiendo, háblame rápido para que tenga que poner todos mis sentidos alerta, no me importará leerte los labios a todas horas. Practicaremos braille.

Cuéntame todas esas cosas que te han ocurrido, cuéntame aventuras, cosas tristes y lo más raro que te haya pasado. Mírame a los ojos cuando no te mire. Y deja que me de cuenta de tus miradas, de esas que me lanzas recorriendo cada milímetro.

Deja que te imagine caminando, con la cabeza alta y con cientos de ojos fijos en ti. Déjame verte tal cual, como me explicas, con tu mala publicidad, con tus ojos oscuros y tus rectificaciones de palabras políticamente incorrectas.

Probemos a cruzar nuestras miradas sin que nadie más las vea. Juguemos a decir palabras prohibidas y a casi tocarnos. Intentemos reconsiderar todo y volvámonos luego del revés, para ponernos a prueba.

Ponte a mi lado y deja que te imagine haciendo lo que estamos pensando. Luego dime que te caigo bien que ya mi mano se encargará de tocar tu brazo en busca de seguridad.

No nos daremos ningún dato. Jugaremos desde el principio a ser desconocidos y a esperar encuentros fortuitos.

Dame tregua en la noche, no traspases la línea de fuego enemigo; no te apoderes de mis sueños inconscientes, no encontrarás piedad por mi parte.

Y corre, corre todo lo que puedas y, cuando te duela hasta el cinturón que llevas puesto, mira atrás y búscame con la prisa con que se buscan soldados enemigos.

Estaré ahí, tienes plazo y tiempo.

Conviértete en mi causa suficiente.

26 de marzo de 2009

Y yo

Mido lo que mide tu prototipo de mujer ideal.

Soy muy friolera o muy calurosa, depende de la situación y de la compañía. No me asusta la oscuridad.

Prefiero no usar la última hoja de los posits, ni de las libretas. Adoro el olor casi ilegal de un taco nuevo de hojitas amarillas. Lo abanico delante de mí y respiro hondo. Después suele aparecer una sonrisa en mi cara.

No miento nunca porque tengo mala memoria para ese tipo de cosas.

Soy imaginativa –incluso he llegado a creer que me querrías algún día- y romántica. Me gusta que me regalen estrellas.

No me gusta el tomate. Me encanta el limón. El queso me da repelus. Y adoro el chocolate.

No quiero morirme sin haber viajado a Australia.

Me encanta el verde.

Tengo adoptada a mi parte infantil, que vive conmigo.
No la llamo de ninguna forma especial. Bueno, pensándolo bien, a lo mejor sí.

Soy curiosa (me gustaría saber si me besarás algún día).

Por preferir, prefiero no encontrarme nunca con un payaso cara a cara.

Elegirte nunca fue una opción sino una necesidad.

Escucho la música que sé que no me va a dejar indiferente, eso me lo enseñaste tú.

Y no se me da nada bien describirme.

25 de marzo de 2009

AquElla

Es acuario.

Lleva gafas siempre. Y cuando se las quita se siente insegura.

Siempre lleva un bolígrafo o dos en el bolso. Y una lima de uñas, y su bálsamo labial. Y las llaves de su otra casa. Y al menos dos pares de ojos. Eso siempre.

Todos los días piensa que su vida es un juego, o una broma, que todos los secundarios y principales, están contratados o se han puesto de acuerdo. Las coincidencias son tantas que, a veces, deja de creer en el destino y en las señales. Después vuelve siempre a sus principios.

Le gusta la cerveza pero la bebe poco porque le recuerda a ese ex que le enseño a beberla.

No tiene una personalidad adictiva, aunque siempre cree que sí.

Sus amigas no la conocen, sus amigos tampoco. Nunca le han hecho una fiesta sorpresa.
Nunca. Nadie.

Mucha gente piensa que es bulímica o anoréxica cuando la conocen. Luego sólo piensan que es bulímica.

No es envidiosa, ni odiosa. Intenta creer siempre en el tiempo y en su poder de re-colocación. La palabra venganza solo le recuerda a Kill Bill, una de sus películas preferidas.

Aprendió que existían los celos hace relativamente poco.

No le gusta la intransigencia, la gente que llama demasiado la atención y las que se ríen cuándo una persona se cae. Suele creer que los que no pronuncian bien las “erres” no son de fiar, no tiene mucho sentido pero es así.

…Y, normalmente, se le da bien fingir que no le importas.

24 de marzo de 2009

Ella

Es pequeña.

Le gusta que la gente le preste atención y le gustan los días en los que se mira al espejo y se siente guapa.

Le gusta descubrir cosas que cree que los demás no conocen. Le gusta sentirse especial. Le gusta que tú la hagas sentir especial.

Es la que más se parece a Alicia.

Es aquella a la que le da miedo la velocidad, y la que siempre piensa en las consecuencias de sus actos. La que no se ríe de la gente.

Suele hablar con los animales, no importa si con voz o en silencio, les habla. Les mira y les entiende. Y luego los ojos le brillan y la boca le sonríe.

Se sonroja cuando dice boca o falda o amor.

Y también lo hace cuando piensa en ti.

17 de marzo de 2009

En mi mitad

El techo de pelusa gris de mi coche me sirve para esconderme. Las estrellas apagadas de mi espalda se acomodan para descansar, acurrucadas en la seda de mi underwear. La tela blanca que recubre mi piel traslucida se adhiere con fuerza.
No tires, que no sale.

Mis dedos, valientes, acarician tu piel de aceituna y muerdo mis labios. Demasiado tiempo ya. La piel se enreda y tu respiración me gana. Hace frío de repente, así lo siente mi espalda.

Mis pulmones buscan un rastro real, pero no encuentran más que arena.

El sol sale y yo me cubro bajo un techo perla.

12 de marzo de 2009

...Shhh

Tus silencios son como tus ausencias, premeditadas.

Las palabras no sirven para decir todo lo que queremos, y me valgo de las miradas, de tus gestos y de mi incansable búsqueda de detalles.

No decir nada es decir demasiado, aunque tengas tus secretos, esos que sabes y que no piensas decirme, te imagino susurrándomelos al oído y riendo en estruendo cuando tenemos una de esas conversaciones en silencio. Dónde nunca sabemos nada y queremos decirlo todo.

El complemento directo forma parte de nosotros, lo sabes, lo sé y lo que es, es. Todo lo que has visto en esas horas, ha estado siempre ahí. Lo que ocurre es que no querías verlo antes, ni temprano ni tarde, y ahora lo buscas.

Ahora.

La música te ayudó a decir todo cuando no te atrevías a decir ná y me enseñaste a entender cada palabra y cada sonido. Lo que compartimos frente a Iván y Quique fue más grande que nuestros berridos.

La moneda de cambio entre tu y yo siempre será el chocolate, por eso nunca me faltan tres tabletas conmigo: una con galletas, para cuando vengas, una de fresa, para cuando te vayas, y otra con almendras, para cuando vuelvas.

De lo especial ya me encargo yo.

23 de enero de 2009

La pasión es inversamente proporcional a la cantidad de información real disponible

Ya lo sé.

Ya sé que todo esto no tiene sentido. Y sé que “todo esto” no te aclara nada, pero no puedo ser más específica. No me sale.

Ya sabes que soy un poco así. Un poco cobarde. Cobarde y compleja y controvertida y comprometida y consciente, sobre todo consciente. Y que no voy a cambiar ahora. Tampoco sirve de nada que lo anote en mi hojita de cosas por hacer.

Pero esto es así de complejo, como yo, así de igual, y no puedo, por más que lo intento, encontrar el extremo que me ayude a comenzar a simplificarlo todo. No te encuentro, porque por aquí, a mi lado, ese extremo eres tú.

Y mi cuerpo reacciona de manera previsible. Totalmente previsible. Excepto porque me faltas tú a mi lado y porque ahora no hay huelga, hay dolor.
Solo dolor.
Y aún no han pedido ningún tipo de mejora de empleo. No lo entiendo.

Sí, ya lo sé. Todo esto tiene que ver con las zorras de primera calidad, las adivinaciones prematuras y las piernas al revés.

La información que se ha filtrado es totalmente contradictoria y no puedo seguir esperando nada por tu parte. No se cuál de los dos es más tonto… La verdad es que yo tampoco lo sé. No, esto sí que no lo sé.

Y no me sale ignorarte, ni no pensarte, ni no mirarte directamente a los ojos en las fotos, ni oler a alguien que huele como tú sin pensar en ti y sin sentir ese pellizquito, ni comerme las galletas rojas y redondas rellenas de crema oreo.

Prohibido esperar nada. Eso exactamente es lo que llevo tatuado en esa parte del muslo que te faltó por besar.

Eso y algunas señales con las que llevaba la puta cuenta.

31 de diciembre de 2008

Cada 2x3

¿Jugamos?


Podemos hacer como que somos más que simples e insustanciales desconocidos. Podemos incluso superar nuestros miedos irracionales, intentando ponerles nombre para ir destacando sobre los que nos torturan. En realidad podemos ser como queramos. Un profesor de inglés o ver mundo mientras describimos los colores: verde, gris…


Hay tanta multitud homogénea que quiero desaparecer y volver mañana para conocerte tal y como te presentes, y volver a verte así para saber que sigo siendo aquella chica a la que mirabas diferente y que reía nerviosa al pensarte.


¿Sabes? hueles a esas pequeñas almendras dulces y a esos caramelos que siempre quiero comprar en la tienda multicolor que cae de esquina, esa que me gusta tanto.


Sueño para que hables conmigo y sueño para que al despertarte solo quieras decirme al oído, en voz bajita y muy despacito, lo mucho que me añoras.


Quiero poder no cansarme nunca de mirarte para no necesitar un espejo de papel que guarde tu esencia.


Frente a ti seré solo yo y no me importará dejar de sonreír para besarte. Hoy solo te quiero llevar conmigo a todos lados, saber que el juego ha terminado, que eso que escondes es como eres realmente, y que me encante.


Para mí tal cual, sin envoltorios…


Mi señal ya apareció.


Hoy si me importa que comprendas, he jugado sola demasiado tiempo.


13 de noviembre de 2008

Más

Escúchame. No se trata ni de ti ni de mí. Es algo más fuerte que nosotros dos.

Es despertarse por la mañana y poder dormir hasta la hora que quieras. Es no mirar atrás cuando dices “adiós” a alguien, porque mañana volverás a verle. Es sonreír cuando ves a un perro por la calle porque te recuerda a esa perra que tuviste cuando eras demasiado pequeño para recordar su nombre.

Es todo eso y más.

Es no parar de correr aunque te duelan las piernas, y tirarte en una hierva tan increíblemente frondosa – y no pinchuda- como verde bonita. Es respirar y ver cómo todo lo que estaba acampado entre tus montañas decide mudarse, sin más, a la zona no opresiva de la realidad.

Es todo eso que puedes estar imaginando ahora.

Es como una escena de dibujos donde todo es color y alegría, donde salen toneladas de amarga salinidad desde los ojos de los protagonistas porque, por fin, todo lo que tenía que acabar, ha acabado.

¿Puedes entenderlo? ¿Puedes comprender lo que quiero decir? ¿Entiendes ahora mi postura ante todo esto? ¿Lo ves?

Por eso. Por esto.

Por todo esto que he explicado, y que has entendido, es por lo que tenemos que seguir adelante con la decisión.

¿Luchar contra el destino? Claro, podemos (re)intentarlo…

7 de octubre de 2008

¿Puedo tentarte?

Hace demasiado calor para que estemos tan cerca. Mis células epiteliales han conseguido descargarse a tiempo un antivirus que las mantenga a salvo de ti.

Mientras escribo esto, el zumbido del ventilador sobre mi cabeza me relaja, puede que también sea la cerveza chorreante que refresca mi garganta. La tenue luz que entra a través de las rendijas de las persianas me reconforta, todo tiene un apetecible color naranja… y no te pienso, que eso mata.

Y ahí estás, recorriendo cada centímetro de mí, absorbiendo, sin mesura, cada estímulo que se escapa de mi malogrado marco, cada escalofrío o cada golpe de calor, transformando mi energía para hacerla tuya. Robándome el aliento.

Y cuando decidimos darnos tregua, cuando decidimos que es mejor parar antes de hacernos más daño, la realidad me golpea con dureza y te necesito más de lo que pensaba.
Una putada teniendo en cuenta todo lo que nos separa, empezando por ti, y lo poco que nos une, que sólo soy yo.

7 de septiembre de 2008

He encontrado tu textura

De repente. Como un golpe.

Debió pasar algo hace unos 395 días, según mis cálculos. Pero tuviste miedo. O no tuviste nada. No sé lo que es peor.

De todas formas, lamentarse es gratis y no me dejas otra opción. No me vale que pienses en mí cuando no tienes nada mejor que hacer. No me vale que no pienses en mí al despertarte. No me vale que no añores mis formas geométricas imperfectas.

He empezado una terapia algo diferente. He comenzado a quererte desde siempre. He guardado en un frasquito las pestañas con las que me hacías cosquillas en la espalda. Y al sabor de tus besos lo he instalado en la punta de mis dedos. Ya sabes por qué.

No logro olvidarte un solo instante.

Los de arriba me han regalado un par de sueños más de esos que me inspiran, pero esta vez los he disfrutado para mí sola.

He desistido de intentar describirme. No puedo. No puedo.

Tus rasgos me asaltan, follándome la mente. Me he olvidado los condones a propósito.

Ayer, sobre el agua, tus recuerdos ganaron en número a las olas.